
¡Ya ha pasado mucho tiempo desde mi salida de Metrovacesa! Siempre que se acerca la fecha del cumpleaños de mi hija me acuerdo de esos días, espcialmente del salir y entrar del paritorio para tantear mi continuidad en la compañía horas después de la salida de mi jefe, Rafael Valderrabano. Con su adiós se cerraba una etapa en el área residencial y su equipo “poco a poco” iba a ser desmantelado.
En mi caso tuve unos meses para prepararme, para pensar como continuar mi trayectoria profesional. Mucha gente del sector inmobiliario tuvo que escoger entre una de las dos puertas abiertas en esos momentos, o trabajabas directa o indirectamente para una entidad financiera o como en mi caso te lanzabas a una opción más emprendedora.
La salida de una compañía estructurada y la entrada en un proyecto personal parece que se resume en un conjunto de tareas de índole organizativo. Muchas veces oyes hablar de lo farragoso del papeleo, de lo fácil o difícil que es organizarse sin jefes, de lo complicado que es disciplinarse, de la proyección comercial o de las obligaciones y exigencias del networking. Con perspectiva puedo asegurar que, en mi caso, todo este conjunto de tareas han sido sencillas y lo realmente complejo se mueve a un nivel más “íntimo”.
Cuando caminas sólo el nivel de exigencia se extiende a lo cotidiano. No me refiero a la famosa frase de que trabajando por cuenta propia no descansas nunca o que tus socios o clientes siempre te deben de poder localizar. Me refiero a una exigencia personal que hace que estés mentalmente activo mucho o todo el tiempo. Es como si pusieras la zanahoria al burro sin ser realmente consciente de que el burro eres tu.
Si te encuentras en una situación similar y te sientes identificado con esta espiral de auto fustigación te reconfortará saber que esta “transformación” sólo dura unos meses. Tiempo después tus expectativas y tu realidad se van ajustando. Es como el recuerdo de un juego de infancia que retomas muchos años después, pronto te das cuenta de que en tu memoria eras el tipo más hábil del planeta y la realidad es que te cuesta horrores hacer girar una simple peonza. Sabes que lo hacías, que giraba, pero ahora parece que lo hacía otra persona.
Para asumir la responsabilidad del auto gobierno creo que es necesaria cierta lucha interior. Ya no ocupas un sólo roll y todos esos “tus” tienen que ponerse de acuerdo provocando una importante “transformación” en unas pocas semanas.
Y tú, ¿Has sufrido tú metamorfosis?
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